Este año se celebra el veinte aniversario de la caída del muro de Berlín, conocido también como el muro de la vergüenza. El termino “caída del muro” no me parece adecuado aunque es el que más se emplea. No me parece adecuado porque no fue un gobierno quién lo derribó, ninguna ley o ningún acuerdo. El gobierno en aquella noche del 9 al 10 de noviembre del año 1.989, abrió sus puestos fronterizos para que los berlineses del este pudiesen pasar al oeste y viceversa. Pero ante esa noticia, lo que se propició fue que su propio pueblo armado con las herramientas de las que dispusieron en ese momento, fueran los que derribaran a mamporro limpio el muro que se había construido para que sus ciudadanos no pudiesen salir de sus tierras limítrofes con el mundo capitalista, es decir, con el resto del mundo. Los bolcheviques sin embargo, calificaron este muro de “muro de protección antifascista” y su intención era “según ellos” que los fascistas no pudiesen entrar en sus dominios, aunque sin embargo, fueran sus propios ciudadanos los que pretendieran salir de él. Y así lo harían en cuanto tuvieron la oportunidad.
En la celebración de este evento, ha sido muy paradójico ver como la hoy canciller alemana Angela Merkel cruzaba el antiguo muro, cogida de la mano con Mijail Gorbachov, antiguo dirigente de la Unión Soviética y Lech Walesa, cofundador del primer sindicato independiente en el bloque soviético y antiguo presidente de Polonia. Y digo que fue paradójico por el hecho en sí, y porque veinte años atrás era una joven Angela Merkel la que cruzaba estos muros como ciudadana del Berlín Este para convertirse en ciudadana libre.
El evento de celebración de los veinte años de la caída del muro fue llamado “la fiesta de la libertad”, a la que berlineses, personas de otras ciudades e incluso de otros países se unieron para festejar. Hubo declaraciones en ese día de personalidades importantes que vivieron de forma especial la caída y como no, de los hoy dirigentes y políticos que en su responsabilidad tienen el defender la libertad de todos los ciudadanos a los que representan.
El presidente del gobierno español se pronunció al respecto, comparando la caída del muro con el franquismo en España. La comparación no tiene razón de ser, ya que el régimen franquista murió con su creador y posteriormente se “deshizo”, dando paso a una nueva era democrática en España. En Berlín por el contrario, fue el pueblo el que maza en mano aniquiló el muro, dando paso posteriormente a la caída total de la unión soviética unos meses más adelante. El pueblo derrumbó el muro y junto a él, su sistema.
El Sr. Rodríguez Zapatero pertenece a esas izquierdas que no movieron un solo dedo para que ese muro fuese desmantelado, sino todo lo contrario. Aún hoy, esos mismos alzan el puño entonando antiguos himnos, dignos de tiempos pasados y de los que deberían ser repudiados. Sino por ellos, por la sociedad que les vota.
Sin embargo, hoy protestan contra otros muros comparándolos con el de Berlín, muros como el de Ceuta y Melilla, donde más que muros hay alambradas que separan un país de otro ó el de Méjico con EE.UU. donde la función que tienen dichas alambradas y muro no es la que tenía la del de Berlín, sino el controlar la emigración que llega a sus países, y no evitar que sea su propio pueblo el que salga corriendo, como era el fin del berlinés.
Y es que Zapatero y su gobierno, apoya gobiernos donde el socialismo a lo soviético continúa implantado, gobiernos tales como el cubano. Modelos a los que él mismo hace acopio intentando hacer de la policía una policía política, “aún no sabemos quién dio el chivatazo a ETA en el caso faisán” ó de cómo intentan controlar hasta lo que hablamos con el sistema SITEL.
La celebración de la caída del muro de Berlín ha tenido la coincidencia histórica con otro evento en la misma fecha, aunque eso si, ésta en el año 1.938, la conocida como La noche de los cristales rotos. Un mismo día para conmemorar dos eventos históricos los cuales nos recuerdan, tal como dijo la misma Angela Merkel en su discurso el pasado lunes en la Fiesta de la Libertad; que fue la victoria de la libertad la que debe defenderse cada día. Aunque muchos, y los primeros los mismos ciudadanos, parecemos haberlo olvidado.